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El Talento (I)

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coco fotoLic. Américo Aldo Bariles

Del latín nos viene la palabra talento (talentum), nombre que se le daba al plato de la balanza para medir el peso de las cosas; también era una unidad de medida monetaria utilizada por los griegos, equivalía a unos 34 kg. que era el peso aproximado del agua necesaria para llenar una ánfora; una medida de peso que permitía darle valor a las cosas, era un botijo de barro con una capacidad determinada. Así, se llenaba tal botijo con monedas y ese era el valor que se le otorgaba a la mercadería.

 

Existía el talento griego o ático, el talento romano, el talento egipcio o babilonio,  cada uno con su medida. En su origen semántico se nos habla de capacidad determinada /establecida por las medidas de un recipiente, botijo, ánfora o plato de balanza), para establecer el valor de las cosas. También podemos hablar e talento con un sentido más mitológico, dado que en la mitología griega, también se hacía mención a este, como el “Don” que los dioses otorgan a los hombres para que estos la desarrollen en la tierra. Seguramente encontraremos otros orígenes de la palabra talento, lo cierto es que hoy conocemos el talento como la capacidad o habilidad que una persona ha desarrollado de manera especial, alcanzando una alta performance.

 

Podríamos considerar que hoy la palabra talento va en dos direcciones interpretativas, una dirección que se encamina a adjudicar al talento un origen genético, y otra que tiene que ver con las conductas o actos que acometemos durante el proceso de nuestro desarrollo y crecimiento, es decir, la influencia del medio en nuestra conducta o nuestra capacidad de adaptarnos o acoplarnos, provocando modificaciones estructurales en nuestra biología y por tanto nuestras funciones orgánicas que provocaran a su vez nuevas estructuras permitiendo a nuestras capacidades crecer hacia nuevas habilidades (bucle evolutivo).

 

Muchas veces se ha hablado del talento como algo que uno posee gracias a que una varita mágica nos ha tocado y nos ha dotado con un “Don” que nos permita destacar en alguna habilidad por encima de otros y tendemos a identificar el talento con algo sobrenatural que nos hace elevar por encima del resto, dando por verás la idea que uno llegará a ser talento, porque lo lleva inscripto en los genes, en este sentido, hemos escuchado muchas frases o leído párrafos que ahondan en la ideas de lo genético, “la naturaleza le ha regalado ese talento”, afirmaciones de este calibre, dejan poco margen a creer en las propias posibilidades a partir del desarrollo personal. Son frases que le otorgan al proceso de crecimiento y desarrollo poca importancia.

 

También hay frases que reflejan el sentido contrario, especialmente aquellas nacidas desde la psicología motivacional, que le dan un valor a la conducta que la persona demuestra ante las propuestas o posibilidades que el medio le ofrece. En este sentido, abundan en internet videos o imágenes que hacen referencia al talento como algo que surge a partir de actitud que se adopta ante las posibilidades que se nos presentan y a la capacidad de adaptación a los cambios.

Rodney Falk, “El talento no se tiene, sino que se conquista”.

Oscar Wilde, “Lo que no te dé la naturaleza, no se puede aprender”.

OW, “No hay ningún tipo de célula que posean los genios y no tengamos el resto. La diferencia es trabajar más que los demás”

Aristóteles, “La excelencia es un hábito”.

Charles Darwin, “Salvo los tontos, los hombres no se diferencian mucho en cuanto a intelecto; solo en ahínco y trabajo duro”

Doris Lessing,  “El talento es algo bastante corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia”

Sir Ken Robinson: “El talento se descubre pensando diferente”

 

Más allá de las frases, sean en un sentido u otro, y aunque nos ayuda a establecer una idea conceptual del talento, es necesario alejarse del foco de  las mismas, sugerentes en un sentido u otro,  para  hacer un abordaje global y no quedarnos, con perdón, en  la  superficialidad.

 

El debate sobre si el talento es algo innato o no, es hoy, un “No” debate, pues es una cosa y la otra. El talento es un dialogo,  entre el genoma y el entorno.

 

Nacer para hacer, hacer para crecer, crecer para trascender”.

 

Nuestro mapa de capacidades ha sido confeccionado en millones de años. Pero ese mapa, como todos los mapas, pueden ser modificados, transformados e incluso interpretado de distintas maneras.   Obviamente que el desarrollo de altas performances tiene que ver con la genética, aunque no exclusivamente, porque como dice el genetista Manel Esteller, la genética no es determinante, sino que marca una tendencia.

 

No cabe duda de que nacemos con capacidades para que posteriormente las podamos desarrollar. Nuestro “programa” genético,  lo que nos dice, es: desarrolla todas estas capacidades

 

Aunque el término capacidad nos lleve a una idea de límites (paredes de un recipiente por ejemplo),  estos en el ser humano, en nada se parecen a los de un recipiente y, aunque existen elementos o factores que si están enmarcados en el ámbito de la genética, algunos de carácter fisiológicos como la capacidad muscular para consumir oxígeno, la proporcionalidad de fibras rápidas/lentas dentro del musculo; estructuras moleculares del propio tejido muscular, etc. u otras de carácter neuronales o cognitivas como las capacidades de atención, memoria o aquellas que tienen que ver con el lenguaje, como argumenta el lingüista Pinker; o Daniel Everett, quien sostiene que el ser humano tiene una capacidad para la gramática ya está codificada en los genes.

 

A pesar de estos y muchos otros elementos genéticos, en el desarrollo o evolución de una capacidad hacia habilidad luego a destreza, median muchos y complejos factores que poco tienen que ver con la genética. Los lingüistas mencionados, hacen referencia al medio, al entorno  como factor que activan y modulan el desarrollo de capacidades latentes en el ser humano y es en este sentido en el que se puede entender las capacidades humanas, que si bien no son infinitas, son maleables y ampliables a veces hasta límites sorprendentes, gracias a nuestra posibilidad de poner en marcha el material genético para aprender,  crear e innovar.

 

La deriva de la vida moderna obstaculiza el despertar de talentos. El tópico típico de que todos tenemos un talento, es cierto en tanto que entendamos el talento como capacidad que poseemos; tal vez lo correcto sería decir, todos tenemos las capacidades para desarrollarnos, y el talento es dar cultivo a esas capacidades para que crezcan, cultivar el talento es sencillamente, llenar el recipiente de nuestras capacidades, lo que depende de circunstancias tanto intrínsecas como extrínsecas.

 

El ser humano tiene una capacidad notable e increíble para desarrollarse en cualquier habilidad y en cualquier campo, es una característica propia que tenemos desde siempre. Nos hemos caracterizado por afrontar todos los  retos que se nos han planteado y hemos aceptado como seres biológicos, todos los desafíos que la naturaleza nos ha puesto, porque, somos biológicamente “testarudos”, “porfiados”. Y ha sido la “Testarudez biológica” que  nos ha permitido la “conquista” entendiendo la conquista en un sentido metafórico amplio, no solo como conquistadores de territorios; también de ideas, de conocimientos, de conductas, de técnicas, de habilidades, de creatividad, de innovación…

foto coco

En las de arriba podemos observar a un talento en tenis realizando un gesto que lleva millones de años de evolución. Roger Federer no ha evolucionado este gesto solo con material genético, lo ha hecho posible por los estímulos recibidos a lo largo de toda su vida, también los de carácter afectivo como  el aliento de un tercero. Necesitamos que alguien nos ayude y nos guíe hacía su desarrollo y ejecución.  La educación física recibida en la escuela, sus entrenamientos en su etapa de principiante, entrenadores, familia, coaches y un largo etc. han hecho posible la combinación perfecta de las capacidades correr, saltar, golpear…

foto cocos

                                  cuadro del autor

 

Es  obvio que todos tenemos un talento, pero lo que lo hemos obviado…

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