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NEUROANATOMÍA.

El sistema nervioso central está formado por siete estructuras básicas: la médula espinal, el bulbo raquídeo, la protuberancia, el cerebelo, el mesencéfalo, el diencéfalo y los hemisferios cerebrales. Cada una de estas subdivisiones se encuentran atravesadas por espacios llenos de líquido denominados ventrículos. Un conjunto de cubiertas de tejido conectivo llamadas meninges rodean al sistema nervioso central brindándole protección.

En cuanto a contenido celular se refiere, el sistema nervioso central se encuentra formado por sustancia blanca y sustancia gris. Mientras la sustancia blanca está constituida mayoritariamente por axones mielínicos que le proporcionan su aspecto blanquecino característico, la sustancia gris contiene somas neuronales.

La médula espinal surge a continuación del tallo cerebral y continúa por el canal medular de la columna vertebral. Se encarga de conducir tanto vías eferentes (desde el encéfalo al resto del organismo) como aferentes (desde los órganos receptores hacia el encéfalo).

El bulbo raquídeo, la protuberancia y el mesencéfalo se denominan en conjunto tronco del encéfalo. Actúa como conducto por donde pasan tractos que transmiten información sensitiva desde la médula espinal y tronco del encéfalo hacia el encéfalo, pero también transmiten ordenes motoras desde el encéfalo hacia las neuronas motoras localizadas en médula espinal y tronco del encéfalo.

Los hemisferios cerebrales están formados por láminas continuas y muy plegadas que forman la corteza. Se caracterizan por la presencia de circunvoluciones (crestas de tejido cortical plegado) y surcos (hendiduras que dividen las circunvoluciones entre sí). La combinación de ambos crea unos puntos de referencia sistemáticos que permiten dividir los hemisferios en lóbulos. Los cuatro lóbulos son: frontal, parietal, temporal y occipital.

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